jueves, 31 de octubre de 2013

acribillar

Entre la curiosidad de investigar
las sensibilidades
de los niños,
está ese día
desierto.

Con pájaros, 
bulímicos
de media tarde,
que extirpan lo que un día
mientras tragabas
ya estabas
odiando
-te-.

Y al mirarlos,
disimulo, pero me acecha
el trago y el reloj,
y la tarde
más
aún.

Y es entonces cuando,
en el hueco que queda,
querría llenar todo lo que
sabía
entonces
y ahora.

[Y por eso te echas. De ti.
Por haberte tú echado. 
De tanto.]

Y es la misma tarde
y los pájaros se van
y me disipan de mi apariencia.

De una paz que no existe.
De tres armonías fingidas.

Y, por qué no,
de esa tristeza
al comprobar
que los días
empiezan a alargarse.

domingo, 27 de octubre de 2013

ojalás

Y me acuerdo,
de los bares
preciosos de esa ciudad
[con ley
pero
sin ganas]
y de cómo
resignada
me hallaba casi,
en otro sitio,
asumiendo
que no los viviré nunca.

Y que nadie me preguntó
lo bonito de las luces
a través
del líquido amniótico.

El poeta favorito de Bukowski
sigue comiendo balas,
y en el útero,
prometo
que no volveré a viajar
nunca.