lunes, 23 de diciembre de 2013

Biblioteca


yo,
metida en todo esto
y en la esquina
tomando el sol desde hace ya
tres cuartos de hora,
el gato

y aún no me he levantado
vociferando
entre toda esta gente
de interruptores
desconectada

se va el sol y bajo la vista
al libro
que ahora está escrito
en otro idioma
(paso un rato delante
de nuevos caracteres que me
son más cálidos que mis
letras maternas)
miro al rededor
y todos parecen entender

y lo sorprendente es
que aún no me he levantado
vociferando

domingo, 15 de diciembre de 2013


Pienso en piojos
y me pica la cabeza.

La infancia
es la muerte
de la elección.
Del propio parto
de las luces
y del artificio,
que corren en manada
en un bosque
que ya
nos han talado
de antemano.

Y no les da tiempo
a alcanzarnos.
Aunque tampoco
les importa.

Pienso que
ahora
hay más esclavos
que nunca.

Y pienso en las gordas en el smöoy
de la otra tarde,
qué infelices parecían devorando
se.
Y lo curioso
es que ellas
no me dedicarían ni un segundo
de su pensamiento
de grasas
saturado.

Y me sentí satisfecha
de haberles dedicado un vistazo
a esas gordas,
de haberles dado
algo de mí
sin que ellas
ni se inmutaran.

Pienso en el bosque
donde queman cada
semilla que intentan plantar
los niños ferinos
de la mano del aire.
Y es una escena terrible,
preciosa
y melancólica.

Me pica la cabeza
y es mejor
que pensar.

miércoles, 4 de diciembre de 2013

disfrutémosla


Curioso
el empañarse
de las córneas
con el cansancio del final
de un día
servido al tiempo.

Luceros en retirada
traen
una soledad
que no se conoce
en otro momento
salvo éste.

Una soledad
 de las que,
sólo se sienten
sin nadie más.

Nadie más que yo,
que antes
¿dónde estaba?

Y, desde un alba ajena,
a las once de la noche
estoy conmigo
por primera vez

y

por vez primera,
amanezco dos veces
en un día,
preguntándome
cuándo he dejado
de ser.

sábado, 30 de noviembre de 2013

[][][][][]


Trenzando
nuestras
descorduras.

Y la trenza ahora es crin
y los árboles
bajan corriendo
la ladera.

Hay un pentagrama resbalando
por la pared
de la habitación.

Y la trenza, ahora es vino
que nos mancha
unos cordones
que hace tiempo
no sé atar.

Y ahora es zinc
y cobre
y muerto
y pájaro
y tablero de ajedrez...
Donde pequeños calvos
disimulan
una bicolor
felicidad.

lunes, 25 de noviembre de 2013

aquí no hay mareas


Tan inepta
que no sé recoger los dedos que se me
van cayendo
de las manos.
(Mas él sigue besando mis muñones)

No me nades.
Hasta que te extirpes
los pulmones.

miércoles, 20 de noviembre de 2013

etéreo visual

No sé hilar lo etéreo.
No
sé.
Sólo sé animales
con colmillos que arrancan
contracturas
y dejan músculos balanceándose,
deshilachados,
como cuando se aflojan
las cerdas de un violín.

(Hoy somos un cuadro impresionista
en la casa del pastor.)

Y si no me naces, me haré otro vientre...
pero cómo,
si ni estas entrañas hemos
elegido.

No sé hilar lo etéreo.
Probaré con músculos,
violines
y vientres.

sábado, 16 de noviembre de 2013

Con un golpe y una flor.

Con un golpe y una flor.

Hoy el capitán
escribió en la cubierta:
Con un golpe y una flor.


Arrodillado,
raspó con uñas
astillas que expulsaban
alma marinera.

Los diarios
ya no son de Bitácora.
Las olas no han parido
desde hace
tres gaviotas
y una esposa.


Con un golpe y una flor.
En la cubierta del barco.
Con un golpe y una flor.

Satisfecho, otea el horizonte,
que hoy
está del revés.
En el cielo un pez luna
le alumbra rayos enlentecidos
y navega sobre nubes
inventadas por la sed
el tiempo
y meses, que ya no podrán
volver a atarse.

Con un golpe y una flor.
En la cubierta del charco.

Al capitán le gustaría morir
de una forma poética.




(Pero sonríe pensando
que como el mundo
no se dé la vuelta
no podrá aguantar
más
sin respirar.)

lunes, 11 de noviembre de 2013

Colección

Las betas de la mesa ya no me miran como antes
Ni madera me queda,
en esta mente
taquicárdica.












Duane Michals, Things are queer, 1973




miércoles, 6 de noviembre de 2013

la calle


Y lo triste
se confunde
con esta falta de sueño
y agota
más.

Una pena que los lagos
eligieran estar
tan lejos de esta casa,
que ahora nombro
sin apellidos.

Porque
qué son los apellidos
sino el hogar.

Hablo de la continuidad de las calles
con las esquinas
con las calles.
Y la cuesta
que esta tarde,
parece haberse inclinado.
A las cuestas les gusta que jadeemos.

Las camisas se han alargado y me rodean
con mangas kilométricas
que me clavan
al tejado.

Esta claustrofobia ya no se delinea igual que antes.
Y aquí arriba, corre aire.

domingo, 3 de noviembre de 2013

...y la cabeza

Acribillaría
todas las agujas
de este mundo

Y aún,
 me seguirían quedando
las horas


La mano. La pierna. Lo que con ambos se ha hecho. Ya vale la obra.

jueves, 31 de octubre de 2013

acribillar

Entre la curiosidad de investigar
las sensibilidades
de los niños,
está ese día
desierto.

Con pájaros, 
bulímicos
de media tarde,
que extirpan lo que un día
mientras tragabas
ya estabas
odiando
-te-.

Y al mirarlos,
disimulo, pero me acecha
el trago y el reloj,
y la tarde
más
aún.

Y es entonces cuando,
en el hueco que queda,
querría llenar todo lo que
sabía
entonces
y ahora.

[Y por eso te echas. De ti.
Por haberte tú echado. 
De tanto.]

Y es la misma tarde
y los pájaros se van
y me disipan de mi apariencia.

De una paz que no existe.
De tres armonías fingidas.

Y, por qué no,
de esa tristeza
al comprobar
que los días
empiezan a alargarse.

domingo, 27 de octubre de 2013

ojalás

Y me acuerdo,
de los bares
preciosos de esa ciudad
[con ley
pero
sin ganas]
y de cómo
resignada
me hallaba casi,
en otro sitio,
asumiendo
que no los viviré nunca.

Y que nadie me preguntó
lo bonito de las luces
a través
del líquido amniótico.

El poeta favorito de Bukowski
sigue comiendo balas,
y en el útero,
prometo
que no volveré a viajar
nunca.